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Fernando J. Lahoz Díaz

Profesor de Investigación del CSIC. Instituto de Síntesis Química y Catálisis Homogénea (ISQCH), centro mixto Universidad de Zaragoza-CSIC.

Químico de formación y Cristalógrafo de adopción. Doctor en Ciencias Químicas por la Universidad de Zaragoza, se introdujo en la Cristalografía en estancias posdoctorales en el Instituto Rocasolano (CSIC, Madrid), y en las Universidades de Parma y Cambridge. Actualmente es director del ISQCH y presidente de la Asociación Española de Cristalografía (GE3C). Ha sido ‘Chair’, actualmente es miembro asesor, de la Comisión de Química Estructural de la Unión Internacional de Cristalografía.

Como investigador ha tratado de incorporar a la investigación en Química la información estructural emanada de los estudios cristalográficos. Investiga en el desarrollo y diseño de nuevos de catalizadores metálicos, tratando de entender su comportamiento químico a través del establecimiento de relaciones estructura/actividad. Pionero en España en los estudios experimentales de la estructura electrónica en compuestos metálicos.

Considera una responsabilidad más de su labor como investigador el acercar la ciencia, sus investigaciones, a la sociedad. Participa desde hace años en diversas iniciativas de divulgación. Responsable de proyectos nacionales de divulgación como el ‘Concurso de Cristalización en la Escuela’. Actualmente está embarcado en el desarrollo de un ambicioso juego para móvil para acercar a los adolescentes a la Química y la Ciencia de Materiales.

Hablará de: Concurso de Cristalización en la Escuela

Muchas personas están convencidas que los cristales son mágicos; yo lo creo a pie juntillas. Sus líneas rectas, su trasparencia, sus caras lisas, sus colores y sus brillos les confieren cierto carácter mágico. Nacen de la nada, de una disolución tan simple… ¡algo de mágico ya tienen!  ¡Y si no lo creen, pregunten el precio de un diamante de unos pocos quilates!

El Concurso de Cristalización en la Escuela es una iniciativa para usar esa presencia mágica de los cristales como estímulo para que estudiantes adolescentes, incluso más jóvenes, se acerquen motivados al laboratorio y puedan comprobar lo estimulante y divertida que puede ser la Ciencia. El reto de crecer cristales más grandes, con colores controlados, con brillos particulares, les lleva a discurrir,- con la guía de sus profesores,- cómo hacerlo; les lleva a experimentar, nada más y nada menos, que el método científico. Una experiencia más de lo que los modernos llaman la ‘flipped classroom’.